Marc Chagall y la memoria visual

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Exposición Fundación Mapfre, Madrid. Marc Chagall. Un grito de libertad. De febrero a mayo 2024

Un grito de libertad. Exposición en la Fundación Mapfre, Madrid

La Fundación Mapfre de Madrid ha organizado, en su sede del Paseo de Recoletos en Madrid, una magnífica exposición retrospectiva con obra de Marc Chagall. La exposición ha sido comisariada por Meret Meyer, una de las nietas del pintor, y por Ambre Gauthier, Doctora en Historia del Arte y directora del catálogo razonado de Marc Chagall y de los archivos Marc e Ida Chagall.

Marc Chagall y la memoria visual

Siempre me ha fascinado la obra de Marc Chagall. Comparte con Kandinsky un uso complejo, por maestro, de los tonos blancos. Y aunque ambos trabajan sobre un sólo plano orquestal, las diferencias compositivas, plásticas y conceptuales, se encuentran en los planos vivenciales.

La pintura de Marc Chagall construye en un sólo plano, un sinfín de capas simultáneas. Capas simultáneas que se suceden y en los que muchos significados se desglosan al mismo tiempo. Capas bidimensionales que al entrelazarse crean una trama de revelaciones. Una pintura de estratos planos que combina metáforas, símbolos y preceptos en yidis con cuerpos musicales a los que les otorga un orden teatral y litúrgico. Una obra matérica o acuosa, que mezcla técnicas capaces de transmitir como lo unitario puede fragmentarse y recomponerse al mismo tiempo. Una obra construida con grafismos que permiten el paso de la luz para que esta se convierta en mancha, en contorno o en pura metáfora. Una obra iluminada por el sol, enrojecida por el terror y reconfortada por la alegría de vivir.

La infancia y la construcción de la memoria

Cuando la infancia y su extraña y potente dimensión del tiempo le concede al niño la capacidad para construir su mundo interior, puede incorporar, en una sola imagen, la percepción de los mil mundos simultáneos. Y cuando el niño construye no juzga. Simplemente organiza la imagen. Y convierte las mil percepciones en mil vibraciones, de color, de significado y de música. En esa magnitud adimensional que es la infancia, el niño transforma en imágenes, las capas que conforman todas las gradaciones emocionales posibles, tanto de terror como de alegría.

Si en su entorno familiar se funde la música con los diferentes idiomas que hablan sus parientes y sus conocidos, el niño creará un territorio musical que le permitirá sentir los idiomas y la musica como enlaces congruentes. Sólo necesitará un primer borne de entrada para que el yidis, el ruso, el hebreo, el francés o el inglés, sean canalizados de tal forma que emergerán, de una manera fluida, cuando sean necesarios. Si en su entorno escénico la liturgia de los rituales se mezcla con los tiempos y con los pliegues de los estampados rurales, creará unos mapas simbólicos de color y de grafismo. La línea, la mancha, el color y lo simbólico, se alinearan en una misma dirección. Si en su entorno espiritual convergen las mil formas de la naturaleza y su inteligencia profunda y única, desarrollará la capacidad para entender las mil dimensiones de la realidad.

Y si mientras el niño está construyendo su mundo interior, intuye, para entender más tarde, que verá las hogueras arder, entonces su memoria visual convertida en construcción interior, será la que le mantenga a flote durante todo el viaje de su vida.

Marc Chagall y la memoria visual. Fundación Mapfre abril 2024

El teatro del mundo

No creo que Chagall sea un pintor que conjugue lo fantástico con lo onírico. Creo que es un artista muy terrenal. Marc Chagall es un artista vivencial que organiza en forma de imagen sus observaciones del gran teatro del mundo. Un artista al que su infancia le ha instado a construir y conservar su memoria visual. Un artista que adquiere la capacidad para transformarse en cualquier animal o personaje, para elevarse por los cielos y navegar por paisajes que no son oníricos, sino realidades tangibles en ese constructo visual. Un artista, un ser humano, que se ha visto obligado a un continuo traslado de su inteligencia, de su condición, de sus raíces judías y de sus obras. Un artista con una profunda capacidad para ver enlaces invisibles qué otros no ven, ni saben, ni quieren ver, ni están dispuestos a tolerar.

Marc Chagall y el antisemitismo de ayer

La vida de Marc Chagall, quien llego casi a los 100 años, es representativa de las persecuciones y progromos de judíos europeos a lo largo de la historia contemporánea europea. Da igual el trasfondo o la moda ideológica de la década. Tanto la época zarista, la revolución rusa, el estalinismo, el nazismo y los diferentes fascismos que asolaron Europa durante el siglo XX, incluían en su obligado menú, la aniquilación y persecución de todo lo que tuviera que ver con la presencia y el quehacer judío.

Es irónica la riqueza metafórica con la que Marc Chagall logra transformarse en seres de fábula, comparado con el bestial etiquetado que sus perseguidores acuñan, y que siempre provienen de la misma fuente tipográfica; las ideologías totalitarias, las teocracias y el antisemitismo. Para los soviéticos es un artista extranjero. Para los nazis es un artista degenerado. Para el gobierno de Vichy es un israelita sin interés para Francia.

Marc Chagall y el antisemitismo de hoy

Chagall busca e intenta tender puentes simbólicos entre el cristianismo y el judaísmo. A pesar de los pesares. A pesar de los progromos. A estas dos religiones monoteístas se les une, más tarde, el islamismo, como el personaje interesado que se apalanca sobre lo anteriormente construido. Y es ahora cuando ese islam y sus seguidores se transforman en el vehículo que las nuevas y dispersas generaciones de herederos occidentales de los progromos utilizan para distanciarse de la responsabilidad adquirida durante siglos. La matanza de miles de europeos judíos que formaron parte del corpus cultural, espiritual y de desarrollo occidental, es tan descomunal que cualquier intento de reparación queda en lo simplemente simbólico. Y por eso, la creación del estado de Israel provoca tanto resquemor. Porque ya no es algo simbólico. Es la realidad tangible que se enfrenta diariamente a la hoguera salvaje que Chagall ve arder cuando emergen y se formulan sistemáticamente las dosis adecuadas de nihilismo europeo. En estas primeras décadas del siglo XXI, estas dosis de nihilismo e idiotez reformulan un vehículo islámico como aglutinante. Y lo agitan en un medio de liquidez conceptual, hasta conseguir una mezcla de neo combustible occidental, basado en procesos de oxidación forzada como el anticapitalismo, el antisemitismo y la narrativa post colonial.

La alegría es terrenal

La exposición retrospectiva con 160 obras de Marc Chagall que la Fundación Mapfre ha organizado en Madrid incluye además, un gran número de documentos personales y administrativos del artista y que provienen del archivo de Marc e Ida Chagall. Esta forma de aunar creación de obra y paisajes vitales en forma de línea del tiempo, amplía la perspectiva sobre el inestable territorio físico sobre el que se desarrolló la vida de Marc Chagall. También actúa como un despertador para el espectador; la obra del artista es mucho más compleja de lo que muchos pensaban y el tiempo es ahora. La inteligencia, el humanismo y las raíces judías, siempre se encontrarán con multitud de hogueras recurrentes y difíciles de apagar. No creo que la obra de Chagall sea onírica. Creo que la obra de Chagall es un recordatorio de que la verdadera naturaleza del ser humano es la alegría. Y la alegría es terrenal; no depende de ningún paraíso prometido ni de ninguna construcción ideológica. Para encontrarse con la alegría no es necesario adentrase en lo profundo del inconsciente. Pero sí luchar por ella.

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